La inteligencia corporal

publicado en: Destacados | 0

Sí, el cuerpo es inteligente.

Nos hemos acostumbrado a asociar la palabra inteligencia a los sobresalientes en los estudios, especialmente en las matemáticas, ciencias y en las lenguas extranjeras. Pasamos la vida considerando que una persona inteligente es quien cumple con las expectativas de los programas educativos convencionales o sacan muy buenos resultados en el test que pretende medir el cociente intelectual (CI o IQ). La realidad es que el razonamiento lógico y la resolución de problemas complejos siempre han tenido mucho más status y reconocimiento económico que la creatividad o el don de gentes. Según esta manera de pensar todas las personas que han sido pésimas alumnas en el colegio pero que han superado desafíos vitales y han salido adelante de circunstancias complejas o difíciles con arte, ingenio y perspicacia quedarían clasificadas como tontas o ignorantes. Pero el pensamiento también se mueve y con él los tiempos y formas de pensar también cambian. Qué alivio.

Howard Gardner, psicólogo y PHD por la Universidad de Harvard trae con su teoría de las Inteligencias Múltiples (1983) una invitación atrevida a la revisión del concepto de la  inteligencia, que deja de ser entendida como algo fijo o estático para convertirse en una habilidad, destreza, algo que se puede desarrollar. No ignora el componente genético pero considera que las diversas potencialidades y su desarrollo dependerán del entorno, del apoyo y de la conciencia de sus propios procesos de experiencia. Ofrecer el estímulo y el espacio apropiado a las personas puede incrementar sus habilidades conocidas o revelar  talentos  hasta entonces desconocidos.

Según Gardner, además de la inteligencia corporal-kinestésica tenemos otras 7 inteligencias que se interrelacionan y dialogan entre sí: inteligencia lingüístico-verbal, lógico-matemática, visual-espacial, musical, intrapersonal, interpersonal y naturalista.

Gardner considera la inteligencia corporal como la capacidad de utilizar el propio cuerpo para realizar actividades, resolver problemas, expresar ideas y sentimientos.

«La evolución de los movimientos corporales especializados es de importancia obvia para la especie, y en los humanos esta adaptación se extiende al uso de herramientas. El movimiento del cuerpo sigue un desarrollo claramente definido en los niños/niñas. Y no hay duda de su universalidad a través de las culturas. Así, parece que el conocimiento cinético-corporal satisface muchos de los criterios requeridos por una inteligencia» (Gardner, Inteligencias Múltiples, 1995).

Aunque muchas definiciones describen esta inteligencia como la típica de bailarines y atletas,  la inteligencia corporal no es una exclusividad de estos colectivos. Tampoco toda actividad física, como el deporte o la danza convencional necesariamente desarrollan y despiertan de manera profunda e integral la «inteligencia» del cuerpo.

Guy Claxton, profesor de Ciencias del Aprendizaje y co-director del Centre for Real-World Learn, ha desarrollado y publicado diversos materiales sobre la inteligencia corporal y su papel fundamental frente a todas las otras inteligencias llevándonos a un análisis aún más integral que la propuesta lanzada por Gardner. Dice: «No tenemos cuerpo, somos cuerpo. Mi inteligencia corporal ha desarrollado, como parte de su propia inteligencia, estrategias y capacidades que yo pienso que son mi mente. Soy inteligente porque soy un cuerpo. Desde el cuerpo yo existo. Mente no es sólo el cerebro sino todo el cuerpo. Necesitamos repensar las relaciones entre pensamientos y sensaciones. Miedo y esperanza surgen de la resonancia de nuestros órganos en respuesta a eventos. Sin las sensaciones físicas y la intuición no seríamos capaces de percibir las complejidades de nuestro mundo ni ser capaces de unir esta comprensión a nuestras necesidades de la vida diaria». (Claxton, Inteligencia Corporal, 2015).

La simple reproducción de modos de hacer y jugar, basados en la imitación sin conciencia de las infinitas posibilidades y limitaciones corporales, no necesariamente fomenta el desarrollo de la inteligencia corporal, aunque puedan traer resultados positivos cuanto al bienestar físico.

«Todos sabemos que el ejercicio es bueno para nuestra salud y bienestar. Pero ¿qué hay de nuestra inteligencia? Las evidencias indican que el ejercicio sí parece beneficiar el pensamiento aunque no siempre. El mero desarrollo de la musculatura o de la pericia atlética no provoca ningún efecto directo sobre nuestra inteligencia. (…) No obstante, el movimiento físico puede contribuir positivamente a la inteligencia, al menos de tres formas complementarias».

Claxon afirma que el ejercicio incrementa el rendimiento fisiológico del cuerpo-cerebro, mejorando el suministro de sangre oxigenada al cerebro, o simplemente haciendo que los órganos funcionen con más eficacia. Afecta áreas cerebrales como el hipocampo, que están muy implicadas en el aprendizaje y la memoria, siendo muy útil a la hora de proteger nuestra mente de los efectos del envejecimiento. El ejercicio también compensa la disminución de las hormonas implicadas en la regeneración neuronal y activa circuitos que con la edad avanzada se van desconectando.

Para los cuerpos jóvenes el ejercicio tiene una implicación muy positiva en la planificación y en la secuenciación, así como la perseverancia en el camino hacia una meta actual, a pesar de las tentaciones y distracciones. Es crucial para mantener en un nivel óptimo de calidad la comunicación interna entre los órganos y los subsistemas ya que el cuerpo es una masa de sistemas interconectados, entrelazados e intercomunicados. «Estar bien afinados, en buena sintonía con nosotros mismos y con el mundo, resulta ser un ingrediente clave de inteligencia», afirma Claxton.

Cultivar actividades físicas que amplien nuestra conciencia corporal contagia profundamente nuestra forma de pensar, la calidad de nuestro pensamiento y amplia las posibilidades de resolución de problemas.

marina santo por bart vandewege 1 marina santo por bart vandewege 2 marina santo por bart vandewege 3

fotos Bart Vandewege

 

«La inteligencia corporal es conquistar el cuerpo y ocuparlo. El cuerpo inteligente es acción, cambio, innovación; es la respuesta saludable, entendiendo por salud-armonía la concordancia y correspondencia entre todo lo que incluye, completa e integra nuestra vida. Por eso el cuerpo inteligente es el propio, el personal« dice Alicia Grasso, una de las autoras de Inteligencia Corporal en la Escuela (2006).

Trabajar el cuerpo con el fin de desarrollar su inteligencia de manera integral significa obtener más recursos para su conocimiento a nivel anatómico y sensorial, para la conciencia de su relación con el espacio y con otros cuerpos en movimiento. Implica en fomentar la creatividad y desarrollo del pensamiento abstracto, el manejo de la respiración, el aumento de la energía y el desarrollo de una escucha activa y consciente.

Cuando me refiero a la danza contemporánea, en su formato más experimental como herramienta clave para el desarrollo de nuestra potencia corporal, como un todo, no estoy hablando de un baile difícil para cuerpos elegidos ni de técnicas específicas. No me refiero a pasos impuestos para la reproducción de una única y determinada manera. Me refiero a una danza sin errores ni aciertos. No tengo nada en contra los virtuosismos ni a los lenguajes academicistas de la danza, pero considero necesaria la investigación activa y la apuesta por una danza inclusiva y democrática al alcance de todas y todos. Una danza donde las capacidades de cada persona independiente de su experiencia vital y práctica corporal  puedan ser integradas, valoradas, ampliadas desde el autoconocimiento físico/emocional y de su propia aceptación y celebración.

Considero la investigación y práctica de esta danza como el medio de excelencia para el desarrollo de la inteligencia corporal en toda su plenitud. Cada cuerpo, con su compleja y salvaje configuración aprende, experimenta y disfruta de una exploración placentera, responsable y autónoma.

«No se trata de inventar un cuerpo ni promover una idea de cuerpo, ni un modo de bailar, ni mucho menos un estilo, sino de observar con todos los sentidos y constatar que lo que hay contiene en potencia un infinito. No se trata de una aventura metafísica sino física. ”Allí donde la fisis es mucho más que física” Claudia Faci, coreógrafa y creadora escénica española en el prólogo de “Assymetrical – Motion, notas sobre pedagogía y movimiento” de Lucas Condró y Pablo Messiez (2016).

Hay muchísimas razones para bailar y para introducir la danza contemporánea y concienciación corporal como una valiosa herramienta para el desarrollo de la inteligencia corporal. Entre tantos otros motivos (posiblemente motivados por especialistas en psicología y neurociencias), la danza contemporánea no es competitiva como los deportes (a menos que se decida hacer una competición) y su «entrenamiento» está relacionado con la curiosidad por nuevas formas de moverse y la manifestación del mundo interno, conceptos e ideas de las más variadas maneras.

Brinda mucha profundidad y calidad en relación a la investigación de movimiento y al conocimiento anatómico. En diálogo con recursos de concienciación corporal y/o técnicas somáticas, este tipo de danza tiene como objetivo ampliar la conciencia del cuerpo y ofrecer, de manera responsable y adaptativa, espacio para que cada persona pueda encontrar su  propia forma de movimiento.

La independización y la utilización de partes inusuales del cuerpo para el movimiento trae la novedad, la sorpresa y la ampliación de repertorio físico.

Trae la libertad de la forma, lo que es altamente inclusivo y democrático. Las personas que a lo mejor piensan que no «pueden moverse» porque consideran sus movimientos son «malos» ganan espacio en la danza contemporánea. Trabaja con la ruptura de feo, bonito, bien y mal. Se trabaja desde la improvisación como técnica de investigación de movimiento. Es un muy buen recurso para estimular la capacidad de presencia, reacción, el estímulo de la proactividad y la cooperación.

Fomenta al máximo el desarrollo de la creatividad. Al no trabajar necesariamente con narrativas lineales ni con representación literal, el formato contemporáneo invita a la exploración del  pensamiento abstracto y al aumento de la capacidad perceptiva de cada persona. Lo singular y lo auténtico son considerados como riqueza y materia prima fundamental.

Posibilita un espacio para el riesgo, la innovación, rompiendo las convenciones en cuanto a maneras de hacer y lugares para estar, no necesita ocurrir en un teatro, puede estar en la calle, en un garaje abandonado o dentro de un piso. Al estar en constante diálogo con otros lenguajes artísticos, tiene una dinámica y una frescura que otros tipos de danza no se lo pueden permitir por cumprir las reglas y seguir determinados patrones que les caracterizan.

Valora la quietud corporal como potencia estética. Este punto es una gran invitación a la contemplación (para quien ve) y a la meditación (para quien lo hace). Es una oportunidad para el auto chequeo corporal y para la toma de consciencia con lo que se siente, el cuerpo «reseteando». Al trabajar diversos matices de variaciones de velocidad el cuerpo aprende a manejar la energía, la respiración y a estar todo el tiempo despierto para el puro presente, lo que desarrolla muchísimo la capacidad de concentración y de reacción.

El espacio gana toda una pluralidad de dimensiones: el suelo tiene gran valor y ofrece un nuevo universo de posibilidades de movimientos en horizontal. Los cambios de altura permiten una gran concienciación de la relación entre el cuerpo y el espacio, en relación a la arquitectura y al grupo.

Se trabaja el contacto físico con el objetivo de estudiar el cuerpo, practicar la conexión y la escucha lo que posibilita un enriquecimiento profundo en cuanto a las relaciones interpersonales e intrapersonales.

Bailar desde la investigación de movimiento es para mí la manifestación corporal más profunda y poética de nuestro mundo interno, sus memorias, sensaciones y experiencias. Es el espacio donde nuestra más esencial autenticidad se revela y toma, literalmente, cuerpo. Bailar es la expresión de cómo sentimos la vida, el presente, de cómo nos manejamos en el espacio de manera creativa y sensible. Bailando, encontramos nuevas posibilidades de relación y presencia y producimos conocimiento sobre nosotras mismas y sobre el mundo.